Limón

enero 20, 2020 Microrrelatos Comments (0) 422

Limón, sabes a cielo y mar entre los dientes.

Creo que voy a acostarme. Sí, ya es hora. Me hago el ánimo y me levanto del sofá. Ya no hay quien vea la televisión, todo el día con anuncios y la teletienda. Cincuenta y pico canales y cuentan menos cosas juntos que cuando había solo dos. Colchones, cuchillos, ollas y, por supuesto, “cambie usted su bañera por un plato de ducha en tan solo seis horas”, cómo para perdérselo.

Bueno, ya me he cansado. – Perico, vamos. ¡A dormir! –Bebe agua que luego no voy a por más. Vamos a poner la calefacción en el tres, que hoy hace frío, ¿verdad que sí, chiqui? Ya sé yo que a ti también te gusta el calorcito, bribón. ¡Menos mal que ya no hay que salir a por leña! Venga, a la camita ya.

 Antes el frío no nos asustaba, ni a ti ni a mí. Nos hacemos viejos, amigo mío. También es cierto que hoy en día se exagera mucho con las noticias y le hacen a uno ya hasta asustarse de que llegue el viento o de que vaya a nevar en invierno. Hacen que parezca algo extraordinario. El día que descubran que el agua moja…. Pero a ti eso te da igual, tú no entiendes de telediarios y de emergencias. – Quieto ahí, espera, espera que encienda la luz del pasillo, ¡que al final nos caemos los dos! Eso es, muy buen chico. Que si cambio climático, deshielo del ártico, incendios en el Amazonas, no te gustaría oír lo que oigo yo cada día, ya no hay manera de vivir tranquilo. Siempre ha habido cambios, pero ahora las cosas pasan sin que nosotros lo queramos. Qué pena ser niño en este mundo. Les hemos quitado mucho, que Dios nos perdone. –Tú no, Perico. Tú siempre has sido fiel a tu naturaleza, nada que perdonarte a ti.

Me acuerdo el año que nevó en un día más que en todo un invierno… –¡o dos! Nadie se extrañó porque los copos cayeran rosas, nos pusimos a jugar con ellos sin más. En mi juventud los hombres éramos unos irresponsables, nada que no fuera el progreso y el bienestar que el dinero poco a poco nos iba trayendo nos interesaba. Me duele pensar que si hoy pongo la calefacción es porque en aquellos años supe mirar para otro lado. –¿Sabes lo que me pregunto, amigo mío?, te lo diré: No me cabe en la cabeza cómo pudimos hacer la vista gorda por tanto tiempo. Sabíamos perfectamente a dónde iba a parar todo: que los vertidos acababan en el río y que de ahí, por lógica, acabarían en el mar…pero hacíamos como si nada. Con ver el sueldo a final de mes, ya se limpiaba sola la conciencia ¡Qué locura! ¡¿Por qué debe el hombre aprender a hacer las cosas bien cuando ya es tarde?!

Creíamos que lo sabíamos todo, pero no era así. Y lo mismo pasa hoy, Periquín mío. Creen que han entendido cómo están las cosas, pero… no éramos nadie y no lo somos tampoco ahora.  Alguien dijo una vez: si no la salvo a ella, no me salvo yo. Hablaba de la vida, en definitiva. De ese escenario en el que nos encontramos –sin guion– nada más nacer. Si no le damos un sentido a nuestra existencia, cómo podemos pretender que esta cuente algo más que ese limón ahí colgado. Ay, mi gran amigo, la conciencia de la muerte es la clave para entender el mundo. –Sube aquí, eso es. Buen perrito. Buenas noches Perico, a ver si mañana también nos despertamos.

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