El teatro de los sueños

enero 5, 2020 Reflexiones Comments (0) 50

La casa-museo de Figueres, un único bloque surrealista

Situada cerca de la frontera con Francia, la ciudad de Figueres se muestra al viajero como un único y compacto bloque surrealista en el interior de la provincia de Gerona. Entre polígonos industriales y húmedos bosques de robles, encontramos este pequeño núcleo urbano –por extensión, ya no por historia– mundialmente conocido gracias al genio creativo del más ilustre de sus ciudadanos: Salvador  Dalí. Con su Teatro-Museo concedió a Figueres un nuevo legado artístico con el que introducirse  en el mundo del turismo internacional. La mejor prueba de dicha transformación la constituye la  Torre Galatea, anteriormente conocida como Torre Gorgot y última parte de la antigua muralla de la ciudad. Aquí fue además donde el pintor quiso transcurrir sus últimos años en compañía de su queridísima Gala (mujer y musa de gran parte de su obra). Los conocidos  e imponentes huevos que coronan su torreón –metáfora del origen de la vida– hacen de ella uno de los edificios más extravagantes y aclamados del país. Los trabajos de restauro del viejo teatro comienzan en 1966 bajo la guía meticulosa del mismo Dalí, que en esta ocasión ejercerá de director artístico. Su primer y mayor logro fue completar la estructura portante con una grande cúpula geodésica, realizada por el arquitecto Emilio Pérez Piñero, con la intención declarada de rendir homenaje a los grandes arquitectos del Renacimiento.

Visitar esta casa, significa adentrarse en los meandros de la subjetividad de la mente humana, el mundo del subconsciente y de sus libres asociaciones. La teatralidad de sus imágenes nos invade mientras nos aventuramos entre sus salas, pasillos y ventanas, en un marco espacio temporal que nos confunde y transporta en una dimensión mítica, donde todo vale y nada está establecido: el sueño.

Quiero que mi museo sea como un bloque único, un laberinto, un enorme objeto surrealista. Será un museo absolutamente teatral. La gente que lo visitará saldrá de allí con la sensación de haber tenido un sueño teatral.

La expresividad subjetiva del sueño y la sensación de libertad conceptual que nos producen sus imágenes, marcan en todo aquel que participe a la prueba, un antes y un después, una huella imborrable de nuestra experiencia a través del espejo.

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Las Gafas de Clark Kent

enero 5, 2020 Reflexiones Comments (0) 51

No hay espacio para el héroe. Lo vulgar se ha convertido en el único dictamen.

Cuántas veces nos habremos preguntado por qué un extraterrestre como Superman se ve obligado a esconderse detrás de una aburrida apariencia humana como es la de su alter ego Clark Kent. Y por qué, pudiendo por ejemplo ver a través de las cosas con su visión rayos X, decide ponerse un par de gafas. En definitiva, ¿quién es el loco que renuncia a esos poderes para confundirse entre la gente común, despreciando de esta manera una vida de llena de ventajas?

Y muchos de nosotros habremos también imaginado –y deseado– que Clark Kent confesara al mundo su identidad y deshiciera de una vez ese entramado de impotencia y frustración que su precaria situación laboral – y sentimental – nos producía.

“¡Yo lo haría!”, pensamos. Nada más lejos, en cambio. Ya que, de manera lamentable, así es exactamente como nos comportamos hoy. Tras años de esfuerzo y sacrificio, nuestro ser social se ve obligado a retroceder bajo la kriptonita del pensamiento único que debilita. Nos disfrazarnos de Clark Kent para poder encajar en el hueco que se nos ha asignado. Becarios de nuestro proprio yo, no nos es permitido pensar o razonar originalmente bajo pena de la exclusión. Un sistema en el que ya no hay espacio para lo personal, porque la moral del grupo se substituye a la del individuo. Un grupo con moral autoritaria. Un reino consumista y aniquilador donde la diferencia es un problema. Y para formar parte de esta comunidad hay que despojarse de lo extraordinario. Hay que mirar a través de los mismos cristales, del mismo vicio de forma.

Y así, una tras otra, el sistema engulle nuestras diversidades autoalimentándose. El resultado es una grande masa homogénea y sin cabeza donde la opinión, la sin razón y la ignorancia ocupan el lugar de los hechos, la lógica y el saber y lo hacen solo porque muchos así lo han aceptado. La multitud que por número se transforma, aspira, a la cualidad. Aceptar el falso ya no es mayor peligro que el de ser alejado del grupo.

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