El barquero

marzo 15, 2020 Microrrelatos Comments (0) 53

A quien todo puede, a la más cruel de las doncellas: La muerte.

Nací en este barco y no recuerdo si fui antes. Cada viaje me devuelve a la misma orilla de este río. No tengo destino porque estoy fuera del tiempo. Tú, querida mía, eres quien vive dentro y fuera, tú, ángel del tiempo, eres quien cierra y limpia cada existencia con la Gracia de un final. Yo, en cambio, solo navego. Recojo lo que tú descartas, aquello que fue carne y ahora se desvive entre lamentos a causa de la eternidad que tú le has asignado tras este destierro. Nada más que el reflejo de otras almas, soy. Les envidio, deseo para mí, ese dolor que huelo en cada muerto que transporto. Su incertidumbre desbordante, la nostalgia por un tiempo entre sentidos.

Todo esto rielan mis vacíos ojos en esas monedas. Si Muerte y fin eres para ellos, libertad y origen podrías ser para mí, altísima Parca.  

No hay nada más hermoso que un cuerpo envejecido, bien lo sabes. ¡Qué maravilla la carne!, qué delicia el poder caduco de tu hijo el tiempo. Cada arruga, cada respiro, un existir irrepetible. Yo soy, por ti, solo un fatuo eterno, idéntico a sí mismo en cada instante. Un deseo ahogado en el silencio. Furia encendida entre el hierro y la madera de este barco infernal. ¿Qué pecado he cometido? Muerte, dime tú qué delito podría ser más grande que esta pena, qué soy Yo al fin y al cabo. Todas mis monedas por un beso.

                                                                                                                      Siempre tuyo, Caronte.

Continue Reading

Relativismo

enero 29, 2020 Microrrelatos Comments (0) 74

Yo, señor, no soy malo, es que no me enseñaron debidamente. Nací en una familia de desviados –de mente, se entiende– donde lo perverso tomó el puesto de lo bueno y viceversa. Le aseguro, caballero, que, vista desde dentro, mi vida es toda coherencia. El afecto para mí es agravio, y en cuanto tal, está presente en mi historia: como hubo gente que me quiso, hubo gente a la que yo también quise –a mi manera, se entiende. Repartí besos a mis enemigos y golpes a mis compañeros. Fui condescendiente con quien me faltó al respeto y no tuve piedad con aquellos que me bendijeron. Ya me advirtió mi madre: “Hijo, tú a los que te quieran, se la devuelves” Y eso fue lo que hice. Pasaron los años y, esa maldad, de la que usted me acusa, fue tomando las riendas de mi conducta; pero deje que le aclare una vez más, muy señor mío, que para mí no hubo, ni cabe, acción más digna y honorable que la de este asesinato. 

Continue Reading

Pensamientos

enero 29, 2020 Microrrelatos Comments (0) 73

Antología de momentos

Desalmado

Desde nuestro encuentro, mi alma, inquieta y exaltada se me escapa de las manos

Perdido

Ejemplar de media talla, pelo oscuro, no es miedoso, responde al nombre de Alberto. Si lo veis, por favor, no intentéis cogerlo: dejadle el móvil y él mismo os dirá como llegar a casa. 

Lejanías 

Rojizos alientos se suceden en el ímpetu de un deseo de retorno; y una calma, la que llega, que a una madre nos devuelve: la tierra. 

37 

La miseria de la guerra no acaba en la muerte sino en la ausencia de vida que nos deja. 

Continue Reading

Limón

enero 20, 2020 Microrrelatos Comments (0) 296

Limón, sabes a cielo y mar entre los dientes.

Creo que voy a acostarme. Sí, ya es hora. Me hago el ánimo y me levanto del sofá. Ya no hay quien vea la televisión, todo el día con anuncios y la teletienda. Cincuenta y pico canales y cuentan menos cosas juntos que cuando había solo dos. Colchones, cuchillos, ollas y, por supuesto, “cambie usted su bañera por un plato de ducha en tan solo seis horas”, cómo para perdérselo.

Bueno, ya me he cansado. – Perico, vamos. ¡A dormir! –Bebe agua que luego no voy a por más. Vamos a poner la calefacción en el tres, que hoy hace frío, ¿verdad que sí, chiqui? Ya sé yo que a ti también te gusta el calorcito, bribón. ¡Menos mal que ya no hay que salir a por leña! Venga, a la camita ya.

 Antes el frío no nos asustaba, ni a ti ni a mí. Nos hacemos viejos, amigo mío. También es cierto que hoy en día se exagera mucho con las noticias y le hacen a uno ya hasta asustarse de que llegue el viento o de que vaya a nevar en invierno. Hacen que parezca algo extraordinario. El día que descubran que el agua moja…. Pero a ti eso te da igual, tú no entiendes de telediarios y de emergencias. – Quieto ahí, espera, espera que encienda la luz del pasillo, ¡que al final nos caemos los dos! Eso es, muy buen chico. Que si cambio climático, deshielo del ártico, incendios en el Amazonas, no te gustaría oír lo que oigo yo cada día, ya no hay manera de vivir tranquilo. Siempre ha habido cambios, pero ahora las cosas pasan sin que nosotros lo queramos. Qué pena ser niño en este mundo. Les hemos quitado mucho, que Dios nos perdone. –Tú no, Perico. Tú siempre has sido fiel a tu naturaleza, nada que perdonarte a ti.

Me acuerdo el año que nevó en un día más que en todo un invierno… –¡o dos! Nadie se extrañó porque los copos cayeran rosas, nos pusimos a jugar con ellos sin más. En mi juventud los hombres éramos unos irresponsables, nada que no fuera el progreso y el bienestar que el dinero poco a poco nos iba trayendo nos interesaba. Me duele pensar que si hoy pongo la calefacción es porque en aquellos años supe mirar para otro lado. –¿Sabes lo que me pregunto, amigo mío?, te lo diré: No me cabe en la cabeza cómo pudimos hacer la vista gorda por tanto tiempo. Sabíamos perfectamente a dónde iba a parar todo: que los vertidos acababan en el río y que de ahí, por lógica, acabarían en el mar…pero hacíamos como si nada. Con ver el sueldo a final de mes, ya se limpiaba sola la conciencia ¡Qué locura! ¡¿Por qué debe el hombre aprender a hacer las cosas bien cuando ya es tarde?!

Creíamos que lo sabíamos todo, pero no era así. Y lo mismo pasa hoy, Periquín mío. Creen que han entendido cómo están las cosas, pero… no éramos nadie y no lo somos tampoco ahora.  Alguien dijo una vez: si no la salvo a ella, no me salvo yo. Hablaba de la vida, en definitiva. De ese escenario en el que nos encontramos –sin guion– nada más nacer. Si no le damos un sentido a nuestra existencia, cómo podemos pretender que esta cuente algo más que ese limón ahí colgado. Ay, mi gran amigo, la conciencia de la muerte es la clave para entender el mundo. –Sube aquí, eso es. Buen perrito. Buenas noches Perico, a ver si mañana también nos despertamos.

 Limón, qué es esa vida que ahora acaba y encierro,

Limón, qué es ese canto que hoy mismo silencio,

Limón, sabes a cielo y mar entre los dientes.

Continue Reading