Tiquis

mayo 22, 2020 Microrrelatos Comments (0) 64

Una mierda vale más que mil palabras

Tiquis vive de alquiler desde hace 4 años en una casa que odia pero que le permite llegar al trabajo en cinco minutos.  Para ello, necesita coger el coche todos los días a las 8:00 en punto ya que todas las carreteras que llegan hasta su oficina son de mucho tráfico se crea cola. Su vecina Patricia es una mujer de unos cuarenta años, tez pálida y espalda desproporcionada. Tiquis la espía de vez en cuando, lo hace mientras espera a su profesora de piano. Patricia no trabaja. Tiene un coche todo terreno que aparca todas las noches delante de la casa de Tiquis.

A las 7:50 de la mañana, como cada día, Tiquis sale de casa con en mano su bolsa térmica y las llaves del coche. Cierra la puerta con cuidado (dos vueltas completas a la derecha y media a la izquierda para sacar la llave limpiamente y sin forcejeo), se da la vuelta y topa con el 4×4 de Patricia que le corta el paso. Ya es el segundo día de la semana que llega tarde al trabajo por culpa de Patricia que se olvida de quitar el coche de su puerta por la mañana. No puede permitirse otra discusión con Anabel, las cosas no van bien en el trabajo y llegar tarde a otra reunión lo haría quedar muy mal. Piensa lo que piensa y, armándose de coraje, decide ir a tocarle al timbre. “Esta vez es demasiado”, “Se va a enterar”, piensa. Con toda la fuerza que un pensamiento positivo puede generar en un cuerpo naturalmente pesimista, cruza la acera directo a la casa de en frente. Nada más dar un par de pasos, el destino le presenta su primer obstáculo; el perro de Patricia, un pastor alemán de nombre Alf, ha dejado un simpático y oloroso recuerdo poco antes del escalón de entrada. «Se fuerte y sigue adelante». «La mierda está ahí, quieta, solo tienes que esquivarla». Con grande esfuerzo y sin mirar atrás, Tiquis se acerca un metro más. Y de nuevo, otra prueba: el timbre está lleno de tierra y en la puerta se pueden ver huellas de manos que seguramente se limpiaron sobre ella. Piensa: «Has llegado hasta aquí, tú puedes.» Acepta su destino y toca al timbre. Patricia abre en batín.

–¿Qué es lo que quieres? ¿Es que no sabes las horas que son mamarracho? –Tiquis baja la mirada buscando refugio en sus zapatos.

– ¿Se te ha comido la lengua el gato? No, si ya lo decía yo que a este tarado le faltaba un hervor –dice mientras apoyaba sus fuertes brazos en su cintura. – ¡Habla hombre!

–No…es que… bueno… No.

– No, ¿qué?  No, qué. A tu casa, venga. ¡Arrea! Lo que hay que aguantar…

El portazo de Patricia es tan fuerte que hace que le entre polvo en los ojos. Tiquis queda inmóvil, tenso y al borde de un ataque de nervios. Su cuerpo espera un mejor momento para reaccionar. Tras 10 minutos de pura desrealización, Tiquis recoge la mierda de Alfi con un folleto del Lidl que encuentra en el suelo y la aplasta contra la mirilla de Patricia: “¡¡Tu puto coche hija de puta, tu puto coche!!”

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La noche con el vampiro

mayo 6, 2020 Microrrelatos Comments (2) 103

Sueño con poder contarlo. Hacer el placer. Actuarlo. La vida se acelera y el tiempo se convierte en reverberación eterna. Un yo inmenso que es pura inmediatez sensible. Priman los colores y los sentidos, la mente es blanca, ausente. Duerme el vampiro en el pensar, dejémosle bailar.

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El barquero

marzo 15, 2020 Microrrelatos Comments (0) 103

A quien todo puede, a la más cruel de las doncellas: La muerte.

Nací en este barco y no recuerdo si fui antes. Cada viaje me devuelve a la misma orilla de este río. No tengo destino porque estoy fuera del tiempo. Tú, querida mía, eres quien vive dentro y fuera, tú, ángel del tiempo, eres quien cierra y limpia cada existencia con la Gracia de un final. Yo, en cambio, solo navego. Recojo lo que tú descartas, aquello que fue carne y ahora se desvive entre lamentos a causa de la eternidad que tú le has asignado tras este destierro. Nada más que el reflejo de otras almas, soy. Les envidio, deseo para mí, ese dolor que huelo en cada muerto que transporto. Su incertidumbre desbordante, la nostalgia por un tiempo entre sentidos.

Todo esto rielan mis vacíos ojos en esas monedas. Si Muerte y fin eres para ellos, libertad y origen podrías ser para mí, altísima Parca.  

No hay nada más hermoso que un cuerpo envejecido, bien lo sabes. ¡Qué maravilla la carne!, qué delicia el poder caduco de tu hijo el tiempo. Cada arruga, cada respiro, un existir irrepetible. Yo soy, por ti, solo un fatuo eterno, idéntico a sí mismo en cada instante. Un deseo ahogado en el silencio. Furia encendida entre el hierro y la madera de este barco infernal. ¿Qué pecado he cometido? Muerte, dime tú qué delito podría ser más grande que esta pena, qué soy Yo al fin y al cabo. Todas mis monedas por un beso.

                                                                                                                      Siempre tuyo, Caronte.

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Relativismo

enero 29, 2020 Microrrelatos Comments (0) 113

Yo, señor, no soy malo, es que no me enseñaron debidamente. Nací en una familia de desviados –de mente, se entiende– donde lo perverso tomó el puesto de lo bueno y viceversa. Le aseguro, caballero, que, vista desde dentro, mi vida es toda coherencia. El afecto para mí es agravio, y en cuanto tal, está presente en mi historia: como hubo gente que me quiso, hubo gente a la que yo también quise –a mi manera, se entiende. Repartí besos a mis enemigos y golpes a mis compañeros. Fui condescendiente con quien me faltó al respeto y no tuve piedad con aquellos que me bendijeron. Ya me advirtió mi madre: “Hijo, tú a los que te quieran, se la devuelves” Y eso fue lo que hice. Pasaron los años y, esa maldad, de la que usted me acusa, fue tomando las riendas de mi conducta; pero deje que le aclare una vez más, muy señor mío, que para mí no hubo, ni cabe, acción más digna y honorable que la de este asesinato. 

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Pensamientos

enero 29, 2020 Microrrelatos Comments (0) 103

Antología de momentos

Desalmado

Desde nuestro encuentro, mi alma, inquieta y exaltada se me escapa de las manos

Perdido

Ejemplar de media talla, pelo oscuro, no es miedoso, responde al nombre de Alberto. Si lo veis, por favor, no intentéis cogerlo: dejadle el móvil y él mismo os dirá como llegar a casa. 

Lejanías 

Rojizos alientos se suceden en el ímpetu de un deseo de retorno; y una calma, la que llega, que a una madre nos devuelve: la tierra. 

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La miseria de la guerra no acaba en la muerte sino en la ausencia de vida que nos deja. 

Mazmorra

Se me han escapado dos lágrimas: ¿dónde irán?
A una la vieron camino de Alicante,
A la otra se la tragó un dragón.

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Limón

enero 20, 2020 Microrrelatos Comments (0) 421

Limón, sabes a cielo y mar entre los dientes.

Creo que voy a acostarme. Sí, ya es hora. Me hago el ánimo y me levanto del sofá. Ya no hay quien vea la televisión, todo el día con anuncios y la teletienda. Cincuenta y pico canales y cuentan menos cosas juntos que cuando había solo dos. Colchones, cuchillos, ollas y, por supuesto, “cambie usted su bañera por un plato de ducha en tan solo seis horas”, cómo para perdérselo.

Bueno, ya me he cansado. – Perico, vamos. ¡A dormir! –Bebe agua que luego no voy a por más. Vamos a poner la calefacción en el tres, que hoy hace frío, ¿verdad que sí, chiqui? Ya sé yo que a ti también te gusta el calorcito, bribón. ¡Menos mal que ya no hay que salir a por leña! Venga, a la camita ya.

 Antes el frío no nos asustaba, ni a ti ni a mí. Nos hacemos viejos, amigo mío. También es cierto que hoy en día se exagera mucho con las noticias y le hacen a uno ya hasta asustarse de que llegue el viento o de que vaya a nevar en invierno. Hacen que parezca algo extraordinario. El día que descubran que el agua moja…. Pero a ti eso te da igual, tú no entiendes de telediarios y de emergencias. – Quieto ahí, espera, espera que encienda la luz del pasillo, ¡que al final nos caemos los dos! Eso es, muy buen chico. Que si cambio climático, deshielo del ártico, incendios en el Amazonas, no te gustaría oír lo que oigo yo cada día, ya no hay manera de vivir tranquilo. Siempre ha habido cambios, pero ahora las cosas pasan sin que nosotros lo queramos. Qué pena ser niño en este mundo. Les hemos quitado mucho, que Dios nos perdone. –Tú no, Perico. Tú siempre has sido fiel a tu naturaleza, nada que perdonarte a ti.

Me acuerdo el año que nevó en un día más que en todo un invierno… –¡o dos! Nadie se extrañó porque los copos cayeran rosas, nos pusimos a jugar con ellos sin más. En mi juventud los hombres éramos unos irresponsables, nada que no fuera el progreso y el bienestar que el dinero poco a poco nos iba trayendo nos interesaba. Me duele pensar que si hoy pongo la calefacción es porque en aquellos años supe mirar para otro lado. –¿Sabes lo que me pregunto, amigo mío?, te lo diré: No me cabe en la cabeza cómo pudimos hacer la vista gorda por tanto tiempo. Sabíamos perfectamente a dónde iba a parar todo: que los vertidos acababan en el río y que de ahí, por lógica, acabarían en el mar…pero hacíamos como si nada. Con ver el sueldo a final de mes, ya se limpiaba sola la conciencia ¡Qué locura! ¡¿Por qué debe el hombre aprender a hacer las cosas bien cuando ya es tarde?!

Creíamos que lo sabíamos todo, pero no era así. Y lo mismo pasa hoy, Periquín mío. Creen que han entendido cómo están las cosas, pero… no éramos nadie y no lo somos tampoco ahora.  Alguien dijo una vez: si no la salvo a ella, no me salvo yo. Hablaba de la vida, en definitiva. De ese escenario en el que nos encontramos –sin guion– nada más nacer. Si no le damos un sentido a nuestra existencia, cómo podemos pretender que esta cuente algo más que ese limón ahí colgado. Ay, mi gran amigo, la conciencia de la muerte es la clave para entender el mundo. –Sube aquí, eso es. Buen perrito. Buenas noches Perico, a ver si mañana también nos despertamos.

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