La vida sin lucha

enero 17, 2020 Relatos Cortos Comments (0) 85

A Laura, la vida sin lucha, le resultó vacía.

Cuando abri√≥ la mano y dej√≥ caer el cuchillo al suelo, a√ļn pod√≠a sentir c√≥mo sus latidos le atravesaban las mu√Īecas envueltos en un guante de sangre denso y oscuro.

La tensión inicial estaba dejando paso a la conciencia. Los hechos estaban dibujándose en su memoria. Había ocurrido. Tal y como siempre había temido, lo había matado. El cuerpo de su marido ahora le parecía ridículo, un trozo de carne abandonado. Le sorprendió no sentir nada por él. Estaba segura de que el hecho de que hubiese sido culpable o no, no habría cambiado las cosas. Se habría librado de él de todas formas. La voz en su interior callaba satisfecha.

La primera vez que hab√≠a pensado en matarlo fue un mi√©rcoles por la ma√Īana. Lo recuerda porque ese d√≠a de la semana era el √ļnico que sal√≠a de casa temprano para ir a hacer la compra al mercado. Lavaba la lechuga cuando se le apareci√≥ la escena: tocan a la puerta, ella sabe que es √©l. Abre con el cuchillo de cocina en la mano y‚Ķ ¬°zas!, le raja la garganta sin decir una palabra. Ambas sabemos que alg√ļn d√≠a pasar√°.

Eran fantasías muy reales para ella, aunque nunca se había atrevido a contarlas a nadie, ni siquiera al psicólogo. Sabía muy bien cuál hubiese sido su veredicto. Pero ella no estaba loca. Simplemente odiaba a su marido. También se imaginaba enroscando un silenciador a una pistola segundos antes de volarle los sesos con ella.

Hac√≠a ya cinco a√Īos que viv√≠a en aquel pueblo. Desde que lleg√≥, nadie habr√≠a dicho que las cosas no le hubieran ido bien. La casa nueva, la boda, ahora el embarazo. A ojos de un extra√Īo, su vida era perfecta, digna de un panfleto publicitario de los a√Īos cincuenta. Su marido la trataba como a una princesa, no le faltaba nada. Todo era maravilloso. Un hombre como los de antes, responsable y cari√Īoso que sue√Īa con tener el mayor n√ļmero de hijos posible. Ese era N√©stor.

Nadie entendía sus razones. No había motivos para quejarse, ese hombre se desvivía por ella.

– ¬ŅC√≥mo puede ser tan desagradecida? Ese chico se lo ha dado todo, no se merece que lo traten as√≠. Dice que est√° deprimida‚Ķ qu√© f√°cil es esconderse detr√°s de esa palabra. Est√° muy de moda ahora eso de la depresi√≥n‚Ķpara m√≠ es solo una ni√Īata caprichosa. ‚Äď cuchicheaban las vecinas. Sol√≠a o√≠rlas mientras doblaba la ropa en la lavander√≠a. No se imaginaban que ella estuviera escuchando, y ella jam√°s revel√≥ su escondite. Criticaban a todo el mundo, pero cuando se trataba de Laura, todas estaban de acuerdo y a favor de su marido. Qu√© f√°cil era para N√©stor obtener la unanimidad femenina.  -Ya quisiera yo que mi marido me comprara unos pendientes as√≠‚Ķ ¬°vamos ni en cien a√Īos!

Cuando N√©stor le compr√≥ esos pendientes, Laura ya ten√≠a el anillo y la pulsera a juego. Se los hab√≠a ido comprando los a√Īos anteriores. ‚Äď Son muy bonitos, gracias. ‚Äď No supo decirle nada m√°s.

Sus suegros la trataban como a una hija. Desde que se hab√≠an enterado de su embarazo, la llamaban todos los d√≠as. Ser una hija postiza, como le gustaba definirse a ella misma, no le hab√≠a tra√≠do ning√ļn beneficio. Eres parte de la familia, cierto, pero de la familia de ver. Es decir, de puertas para fuera. No le cab√≠a duda de que todo ese amor y esa premura desproporcionada no eran m√°s que corolarios necesarios de un objetivo superior: obtener descendencia. ‚ÄúEs una pena que no existan los √ļteros artificiales, a esta gente les vendr√≠a muy bien y a m√≠ me dejar√≠an vivir en paz‚ÄĚ, pensaba. No eres m√°s que un da√Īo colateral para ellos, querida. ‚Äď a√Īad√≠a la voz.  Ya casi ten√≠a que convivir con ella en cada momento, la atormentaba y no la dejaba pensar con claridad.

Por las noches, los a√Īos transcurridos en la universidad la persegu√≠an. Desde hac√≠a alg√ļn tiempo no descansaba bien. Volv√≠a a verse a si misma sentada en primera fila mientras tomaba apuntes cerca de la mesa del profesor. Al terminar la clase, todos se marchaban menos ella. No pod√≠a moverse, aunque su aspecto era el de entonces ‚Äďpeque√Īa y de constituci√≥n delgada‚Äď se sent√≠a pesada, paquid√©rmica.

Intentaba pedir ayuda para poder levantarse, pero tampoco ten√≠a voz. Ve√≠a a sus compa√Īeros salir del aula, volver a entrar al d√≠a siguiente, de nuevo irse y as√≠ como si se tratara de una secuencia de fotogramas, pasaba de escena en escena hasta verse envejecida siempre en el mismo sitio.

Inmóvil, observaba cómo los demás realizaban seguían con sus vidas mientras ella seguía paralizada en el mismo punto. La eterna espectadora.

Cuando por fin lograba despertarse, el coraz√≥n le lat√≠a fuerte y le faltaba el aliento. Las palpitaciones tardaban unos minutos en recuperar su ritmo normal. El paso del tiempo la aterrorizaba. Ten√≠a miedo a envejecer sin haber antes realizado sus proyectos. No desperdiciar su vida, hacer algo de lo que sentirse orgullosa, era para ella una obsesi√≥n. Dedicarse a los dem√°s es de d√©biles, ¬Ņqui√©n eres t√ļ Laura? ¬ŅCu√°l es tu sitio en este mundo? – ¬°Otra vez no!  ¬°Basta! – gritaba

Las pesadillas le dejaban un fuerte dolor de cabeza. Eran d√≠as terribles. Prefer√≠a quedarse en casa y distraerse con la televisi√≥n. Nada de salir de compras o estar en la cocina. Las tareas dom√©sticas no le ayudaban, es m√°s, le recordaban que, hasta entonces, lo √ļnico que hab√≠a conseguido era convertirse en la segunda madre de un ni√Īo rico. Ir al supermercado, pensar en qu√© hacer de comer, esperar que llegue del trabajo, preguntarle c√≥mo le ha ido el d√≠a y tener la casa limpia. Esa era su realidad. Hab√≠a d√≠as que no lo soportaba, necesitaba una pausa para no volverse loca.

Cuando Néstor entraba en casa y la encontraba tirada en el sofá viendo la tele se enfadaba. No le gustaba ver a su mujer (a su ideal de mujer) sin nada más que hacer que ver series todo el día.

– ¬ŅTe parece normal que llegue cansado de trabajar y tenga que ponerme yo a prepararme de cenar mientras t√ļ est√°s ah√≠ sin hacer nada?, imagino que la excusa de hoy ser√° la de todos los d√≠as, ¬Ņno? ‚ÄúEstoy deprimida‚ÄĚ, ‚ÄúMe siento frustrada‚ÄĚ ‚Ķ – mascullaba mientras le daba la espalda para abrir la nevera.

Laura ya no ten√≠a palabras nuevas que echarle encima a N√©stor. Le hab√≠a explicado mil veces c√≥mo se sent√≠a en esos d√≠as y lo dif√≠cil que era para ella salir adelante. Nunca le dio la importancia que merec√≠a, para un hombre como su marido, ser ama de casa es el completamiento de la existencia femenina. De verdad no entend√≠a por qu√© Laura se quejaba. Estaba tan cansada que prefer√≠a esperar a que se le pasase en silencio. De hecho, cuando hubo combatido con fuerza y rabia la situaci√≥n solo hab√≠a empeorado. Por m√°s que tratara de explicarle que ella era algo m√°s que una criada y que necesitaba dejar espacio tambi√©n a sus inquietudes como individuo y como mujer, √©l siempre volv√≠a a su terreno con la misma pregunta: ¬ŅTe ha faltado algo alguna vez desde que est√°s conmigo? ¬ŅTe he tratado mal en alguna ocasi√≥n? Venga, ponme un ejemplo concreto de ese machismo del que me acusas. -No se trata de eso, N√©stor. Aqu√≠ no soy feliz. No puedo progresar si tengo que ocuparme todo el d√≠a de las tareas y de que todo est√© listo e impecable siempre a la misma hora. La comida a las doce y media y la cena a las ocho. ¬ŅQu√© pasar√≠a si trabajara? ‚Äď Es que no necesitas trabajar -conclu√≠a √©l. Y vuelta a empezar. ‚Äď Ese feminismo tuyo irracional me est√° cansando, ¬Ņsabes?, no voy a soportarlo siempre. Trabajo para ti, para que est√©s aqu√≠ en casa tranquila y no tengas que salir ah√≠ afuera a ganarte la vida, ¬°y encima te quejas!

 Su primer a√Īo de carrera le tra√≠a buenos recuerdos. Sus √ļnicas preocupaciones eran los ex√°menes y sacar dinero para pagar el alquiler. Ten√≠a un trabajo de media jornada en una librer√≠a con el que consegu√≠a sacarse lo justo. La mayor parte del tiempo lo pasaba all√≠ o en la biblioteca donde estudiaba. No pod√≠a darse muchos lujos, pero se sent√≠a viva. Saber que puedes contar contigo misma para salir adelante es muy gratificante. Depender de los dem√°s, produce ansiedad. Son cosas que ahora sabe pero que entonces nadie supo explicarle. N√©stor apareci√≥ en un momento de su vida en el que se sent√≠a perdida y con grandes dificultades econ√≥micas. Su padre se hab√≠a marchado de casa y, su madre y su hermana, dejaron de contar con un sueldo en casa. Se hab√≠an quedado sin nada y sin nadie que pudiera ayudarlas. Dej√≥ la universidad unos meses despu√©s de haber comenzado el segundo curso. Duplic√≥ el turno en la librer√≠a para poder ayudar a su madre mientras √©sta buscaba trabajo. Era una mujer de cincuenta a√Īos sin trabajar desde los treinta y cinco, no iba a ser f√°cil reincorporarse al mundo laboral.

A pesar de los problemas, Laura se levantaba con fuerzas cada ma√Īana para ir a trabajar. Un d√≠a m√°s, una nueva oportunidad. Confiaba en que todo acabar√≠a como hab√≠a comenzado, de repente. Y en parte fue as√≠. N√©stor lleg√≥ a sus vidas como un aut√©ntico salvador. Laura y su familia lo recibieron como si de una profec√≠a maya se hubiera tratado. El conquistador no tuvo que luchar mucho para hacerse con el poder. Enseguida se hizo cargo de la precaria situaci√≥n de toda la familia. Le ofreci√≥ un empleo a su madre dentro de la empresa de sus padres. Un puesto de administrativo para empezar y luego ‚Äúya veremos‚ÄĚ. Laura crey√≥ enamorarse perdidamente de √©l. Se conocieron en una conferencia sobre La necesidad de la guerra como experiencia de paz interna, c√≥mo no iba a recordar un t√≠tulo as√≠. La tesis doctoral de N√©stor hab√≠a sido publicada y su editor le hab√≠a pedido que diera un discurso de apertura durante la presentaci√≥n del volumen, justo en la librer√≠a en la que trabajaba Laura.

Cuando la voz analizaba con frialdad aquellos momentos en su memoria, Laura se sent√≠a muy desdichada. Se hab√≠a entregado al que ser√≠a su marido sin pensarlo dos veces.  No lo conoc√≠a casi cuando decidi√≥ irse a vivir con √©l. Ese sentimiento de agradecimiento que entonces sent√≠a no era amor, sino necesidad. √Čl sab√≠a lo que estaba haciendo. Sab√≠a que eras una presa f√°cil, solo ten√≠a que comprarte aprovech√°ndose de la situaci√≥n. Y t√ļ ca√≠ste en la trampa en un abrir y cerrar de ojos. -d√©jame en paz, ¬°vete! Ya lo s√©‚Ķ pero por favor, ¬°d√©jame ya!

N√©stor y su familia consiguieron insinuarse en su vida como un glaciar que inexorable se abre paso entre las rocas. El rescate de su madre, la temprana convivencia y el traslado al pueblo, lejos de sus amistades y de su pasado, hasta que lleg√≥ el momento de la boda. Cada detalle, cada decisi√≥n, fue tomada por otros o dictada por las circunstancias. – N√©stor, ¬Ņle has puesto ya a Laura la canci√≥n que te envi√©? Vamos a poner esa durante la misa. ‚Äď le dec√≠a su suegra mientras apuntaba todo en su libreta.

La boda del hijo de los Sierra fue todo un √©xito. Los invitados quedaron muy satisfechos con el espect√°culo ofrecido. Laura no era muy consciente de lo que acababa de ocurrir, ni de lo que pod√≠a significar para ella. Hab√≠a estado dej√°ndose llevar por el traj√≠n de eventos. Sin darse cuenta, hab√≠a pasado los tres primeros a√Īos de su matrimonio entre decoraciones y viajes de compromiso.

Haber terminado la carrera no le hab√≠a servido de mucho. Enviaba curr√≠culos todos los d√≠as, pero nadie la llamaba. Ten√≠a treinta a√Īos y la rechazaban en todas partes. Era una mujer joven pero no tanto como para que la contrataran de aprendiz y, adem√°s, estaba casada. Ser mujer joven y reci√©n casada significa solo una cosa para las empresas: baja de maternidad. Desesperada y con la moral por los pies, busc√≥ ayuda entre amigos y conocidos, lleg√≥ incluso a pedirle ayuda a su suegro, un hombre con las manos metidas en mil negocios, pero no hubo manera. No por falta de ocasi√≥n, sino porque √©l no quer√≠a que ella trabajara. Nunca la habr√≠a ayudado con eso. No era algo que encajara bien con sus planes. Quer√≠a tener nietos lo antes posible y, una nuera emancipada, constitu√≠a un obst√°culo.

Laura acab√≥ cayendo en una depresi√≥n que nadie entend√≠a. Pasaba las tardes planchando delante de la tele viendo cap√≠tulo tras cap√≠tulo del Dr. House (su serie preferida). Cuando √©l volv√≠a a casa, la comida siempre estaba preparada, pero a Laura no le importaba nada de lo que pudiera decirle. Durante las ocho horas en las que estaba sola, sola con sus pensamientos, hab√≠a tenido tiempo de sobra para imaginarse la mon√≥tona jornada laboral de su marido. Habr√≠a llegado al trabajo a eso de las nueve y media, tras levantarse a las nueve ya que viv√≠a justo en frente de la oficina de los Sierra.  Nada m√°s entrar, su madre le habr√≠a ofrecido un caf√© y un trozo de tarta que ella misma habr√≠a cocinado la tarde anterior. Unos minutos de conversaci√≥n, un viaje al ba√Īo y sobre las diez se habr√≠a dirigido a su despacho. All√≠ habr√≠a le√≠do el correo, echado cuentas y discutido con su padre unas tres o cuatro veces hasta que su madre, de nuevo, hubiera interrumpido el di√°logo para ofrecerles la comida. Un poco de siesta despu√©s y‚Ķ de vuelta al (pseudo)trabajo.  Unas horas navegando en internet, un par de llamadas a proveedores y ya est√°. Para casa otra vez. De vuelta al hogar, una joven mujer le habr√≠a estado esperando con su plato caliente y una sonrisa.

Los peores d√≠as eran cuando N√©stor volv√≠a a casa con ganas de sexo. Se comportaba como si estuviera recogiendo una especie de premio o condecoraci√≥n. Lo m√°s curioso es que no se daba cuenta de lo mal que lo hac√≠a. No solo no sab√≠a excitarla, sino que se impacientaba cuando ella no consegu√≠a alcanzar el cl√≠max. Laura se ve√≠a obligada a fingir solo para que la dejara en paz. Ten√≠a que hacerle ver que estaba disfrutando para que √©l consiguiera a su vez, alimentar esa fantas√≠a viril de hombre realizado y pudiera llegar hasta al final. Muchas veces ni siquiera consegu√≠a una erecci√≥n por s√≠ mismo. Laura sab√≠a que cuanto peor le fuera a √©l con su erecci√≥n, peor le ir√≠a tambi√©n a ella ya que tendr√≠a que trabajar m√°s para conseguirla. Si la estimulaci√≥n no bastaba una vez, le obligaba a repetirla. Y si ni con esas, entonces la dejaba sola en la cama y se iba al ba√Īo, ech√°ndole la culpa a ella de lo ocurrido. ‚Äď Pones tan poco de tu parte que no me extra√Īa que no se me levante. ‚Äď sol√≠an ser sus palabras. √Čl nunca era responsable de nada. Con los a√Īos, Laura hab√≠a aprendido a enga√Īarlo. La sesi√≥n duraba poco m√°s de media hora si las condiciones eran buenas, algo m√°s cuando llegaba bebido. Laura acab√≥ perdiendo el inter√©s por el sexo, y por todo.

Su suegro era un hombre mayor muy acostumbrado a salirse siempre con la suya. Ten√≠a un car√°cter fuerte y sab√≠a sacar de las personas todo lo que a √©l le hiciera falta. Hoy lo definir√≠amos como un eg√≥tico, alguien que se acerca a los dem√°s solo para coger de ellos lo que necesita. El dinero, y la fortuna, que hab√≠a conseguido acumular durante las d√©cadas de los 80 y de los 90, hab√≠an contribuido a alimentar a√ļn m√°s ese ego desproporcionado. Las madres trabajadoras, para √©l, no eran m√°s que unas cobardes, mujeres que, por miedo, hab√≠an renegado el lugar que Dios les hab√≠a reservado en el mundo. Ocuparse de la prole era la m√°xima realizaci√≥n natural del g√©nero femenino. Pedirle ayuda para encontrar un empleo hab√≠a sido lo m√°s est√ļpido que hab√≠a hecho en su vida.

El se√Īor Sierra ten√≠a dinero para poder mantener sin trabajar a varias generaciones. Lo √ļnico que le importaba ahora era ejercer todos sus derechos de patriarca, pero para ello necesitaba descendencia.

La presi√≥n que ejerc√≠a sobre Laura se hab√≠a vuelto insostenible. Lleg√≥ a ofrecerle cincuenta mil euros por cada hijo que tuviera. Hizo la propuesta durante una cena delante de N√©stor y su madre que desdramatizaron a√Īadiendo la postilla: ‚ÄúTe conviene que sean trillizos, mujer‚ÄĚ entre carcajadas, pero Laura sab√≠a que no bromeaba.

No es que no quisiera ser madre, lo que no quer√≠a era tener hijos con N√©stor ‚Äď y, por ende, con su familia. No ten√≠a trabajo, no sab√≠a en qu√© ocupar el tiempo y la voz interior que tanto miedo le produc√≠a estaba ganando terreno. Le asustaba no ser una buena madre, poner a su hijo en peligro, que la voz le hiciera da√Īo.

De vuelta a casa, Laura estuvo callada todo el tiempo. N√©stor segu√≠a hablando del tema, sin tener en consideraci√≥n la opini√≥n de su esposa que a√ļn no se hab√≠a pronunciado.

Un par de semanas despu√©s el abuelo volvi√≥ al ataque: – He visto un chal√© aqu√≠ al lado que ser√≠a perfecto para vosotros. Solo os falta el beb√©. Si me dais esa alegr√≠a, os la compro enseguida, me da igual lo que cueste -exclam√≥.  Y otra vez volvi√≥ a esconder su chantaje entre muecas y sonrisas, solo que, en esta ocasi√≥n, Laura no pudo contenerse. ‚Äď No voy a tener un hijo ni ahora ni nunca solo porque a ti te apetezca. Puedes ofrecerme todo el dinero que quieras, no lo aceptar√© jam√°s. Si de verdad quer√©is que tengamos ni√Īos, antes que como madre, tendr√© que realizarme como mujer. Soy algo m√°s que un √ļtero. ‚Äď concluy√≥ con tono serio y preocupado. Contaba con una respuesta de igual medida por parte de N√©stor o de su suegro, pero no fue as√≠. Ambos agacharon la cabeza como lo habr√≠a hecho un cazador que descubre que tendr√° que sacrificar a su perro. Cambiaron de tema y dejaron a Laura suspendida en la nada. El silencio inc√≥modo que se hab√≠a creado poco antes dej√≥ paso termin√≥ cuando su suegra entr√≥ en la sala y todos se sentaron a comer alrededor de la mesa.

‚Äď No vuelvas a decir algo as√≠ en la vida, ¬Ņme entiendes? Si quieres que tu madre siga teniendo un trabajo, no vuelvas a dirigirte con ese tono a mi padre ‚Äď le exhort√≥. ‚Äď Y, ves quit√°ndote todos esos p√°jaros de la cabeza. ‚Äď ¬ŅCu√°les p√°jaros, N√©stor? ‚Äď respondi√≥ ella.¬† ‚Äď Esa tonter√≠a de que no piensas

tener hijos hasta que no te realices como mujer.¬† ‚Äď No es ninguna tonter√≠a. Es lo que pienso. ‚Äď le contest√≥ con un tono esta vez m√°s suave. ¬†‚Äď Creo que no me has entendido bien, Laurita. Si no me das un hijo pronto, no voy a seguir esperando. Te pedir√© el divorcio y tendr√°s que volver a ocuparte de tu familia. Laura no pod√≠a creer lo que estaba oyendo. N√©stor El Salvador la estaba ahora amenazando con destruirla si no consent√≠a darle un heredero. ¬†‚Äď No puedes hacerme esto. Sabes muy bien que estoy enferma. Estoy deprimida y no puedo ser una buena madre as√≠, no me pidas eso‚Ķ Sabes muy bien lo importante que es para m√≠ poder dar a mi hijo lo que yo nuca tuve, un ambiente familiar sano y sin problemas. Necesito tiempo para poder curarme ‚Äď le suplic√≥ entre l√°grimas. ‚Äď Ya estoy harto de ti y de tus lloriqueos. ‚Äď concluy√≥ √©l. ¬†Laura se dio cuenta de que ya no pod√≠a amarlo. No pod√≠a seguir al lado de una persona que no la ve√≠a como mujer. Esa noche fue la m√°s larga de su vida. No quer√≠a volver a ver sufrir a su familia, pero tampoco pod√≠a seguir atrapada en la jaula que N√©stor le estaba construyendo. Ten√≠a que tomar una decisi√≥n, encontrar una soluci√≥n que no pasara por el abandono. Tras mucho pensar, lleg√≥ a la conclusi√≥n de que no dejar√≠a a N√©stor hasta que no encontrara un trabajo con el que garantizarse cierta libertad econ√≥mica. Solo ten√≠a que hacerle creer que hab√≠a aceptado el chantaje.

Con las √ļltimas fuerzas que le quedaban y cargada de un optimismo enfermizo, se levant√≥ y se fue a la universidad. Quer√≠a pasar por la vieja librer√≠a donde hab√≠a estado trabajando de estudiante e intentar recuperar su antiguo puesto. El gerente, sobrino del viejo titular del negocio, no la conoc√≠a, pero decidi√≥ darle una oportunidad como personal de apoyo durante el periodo de matr√≠culas. No era mucho, pero por lo menos ten√≠a una excusa para salir de casa y un medio con el que poder aspirar a la independencia econ√≥mica. Cuando volvi√≥ a casa, quiso contarle todo a N√©stor. Estaba muy ilusionada y ten√≠a ganas de decirle a su marido que todo estaba yendo por el camino adecuado y que. poco a poco, conseguir√≠an salir del bache. Su ilusi√≥n choc√≥ con la apat√≠a de N√©stor que desde hac√≠a algunos meses casi ni le hablaba. Segu√≠an teniendo relaciones, pero ya no eran una pareja enamorada. El sexo era la forma en la que N√©stor le comunicaba que su plan de formar familia a√ļn segu√≠a en pie. Lo que no sab√≠a es que Laura, desde el d√≠a en el que el se√Īor Sierra le hab√≠a ofrecido los cincuenta mil euros, hab√≠a empezado a tomarse la p√≠ldora anticonceptiva.

Finalizado octubre su jefe le confirm√≥ que iban a ofrecerle un puesto fijo. Era cuesti√≥n de d√≠as. Esa noche, Laura, prepar√≥ una cena especial para su marido durante la cual, darle la buena noticia. – ¬ŅQu√© significa todo esto? ‚Äď dijo √©l nada m√°s atravesar el umbral de la puerta.

– ¬°Me han cogido, N√©stor! Voy a ser encargada de secci√≥n en la librer√≠a. Por fin voy a tener un puesto fijo. ¬ŅTe das cuenta? ¬ŅNo te alegras por m√≠? Con lo que me ha costado‚Ķ

‚Äď Ya sabes lo que pienso de este asunto ‚Äď la interrumpi√≥.  No voy a discutir otra vez.

Durante los meses siguientes se respiraba un clima de guerra fr√≠a. Lleg√≥ diciembre y la librer√≠a volvi√≥ a llenarse de gente. Laura llegaba exhausta a casa. Tardaba m√°s de una hora en recorrer el trayecto que separaba su casa del barrio universitario. Ten√≠a que coger primero el tren y luego el coche para llegar hasta la pedan√≠a en la que se encontraba el pueblo de N√©stor. Esa tarde se sent√≠a rara, no le dol√≠a nada en particular, pero no estaba bien del todo. Parec√≠a como si le fuera a bajar la regla. Le pareci√≥ extra√Īo ya que con la p√≠ldora los dolores menstruales se aten√ļan al no ovular ni cumplir con el ciclo hormonal completo. Lleg√≥ a casa a las ocho y media, se tumb√≥ en la cama un rato para descansar antes de ponerse a hacer la cena y se qued√≥ dormida. Por la ma√Īana, se despert√≥ a√ļn vestida. N√©stor hab√≠a dormido en el sof√° por no molestarse en despertarla. Se levant√≥ y se meti√≥ en la ducha. Al salir de la ba√Īera vio unas manchas rojizas fluir por el sumidero. ‚ÄúS√≠ que es extra√Īo‚ÄĚ, pens√≥. No me toca manchar esta semana. Se limpi√≥ otra vez y cuando se agach√≥ para ponerse las bragas una sensaci√≥n de n√°usea la recorri√≥ desde el est√≥mago hasta el es√≥fago. Las arcadas fueron tan fuertes que acabaron por despertar a N√©stor. ‚Äď ¬ŅQu√© te pasa?, ¬Ņestuviste bebiendo ayer con tus amigas? ‚Äď le pregunt√≥ con tono acusador. ‚Äď No, no s√© qu√© es. Pero no me encuentro bien, creo que no voy a ir a trabajar. 

¬†‚Äď Av√≠same si tengo que llevarte al hospital ‚Äď dijo mientras se marchaba dando un portazo. Laura se mir√≥ al espejo desnuda y not√≥ que su pecho estaba bastante hinchado. ‚Äď No puede ser la regla otra vez ‚Äď mascull√≥. Cogi√≥ su bolso buscando el bl√≠ster de pastillas para comprobar si, por error, hab√≠a olvidado tomarse algunas este mes y fuera ese el motivo del desarreglo hormonal.

Fue entonces cuando se dio cuenta. Hab√≠a una especie de circunferencia perfecta por el reverso de cada pastilla. Era como si alguien hubiera abierto y despu√©s sigilado de nuevo cada uno de los huecos ocupados por las p√≠ldoras. ‚ÄúNo puede ser lo que creo que es‚ÄĚ, se dijo asustada. ‚ÄúNo puede haber sido capaz‚ÄĚ, ‚ÄúDios m√≠o, dime que no es as√≠, por favor.‚ÄĚ Cogi√≥ las llaves del coche y sali√≥ corriendo de casa. Par√≥ en la primera farmacia que encontr√≥ y compr√≥ un par de tests de embarazo. Condujo despu√©s hasta el bar de la plaza del pueblo, pidi√≥ un caf√© y se fue al aseo. Hizo la primera prueba con las manos temblorosas, casi pierde el predictor en el w√°ter. El primer resultado fue positivo. El segundo tambi√©n. ¬†N√©stor lo hab√≠a planeado todo. Le hab√≠a dejado pensar que se hab√≠a salido con la suya mientras √©l tramaba a sus espaldas y la hab√≠a dejado embarazada contra su voluntad. Ahora lo ve√≠a todo muy claro: su apat√≠a, el hecho de que no le hubiera impedido ir al trabajo, el silencio de sus padres al respecto‚Ķ todo cobraba sentido. Estaba embarazada. El tiempo se par√≥ a su alrededor. Su mente ataba cabos a una velocidad prodigiosa. La voz, que hab√≠a callado hasta entonces, volvi√≥ a tomar el control. Laura desapareci√≥ en ese preciso instante. Sali√≥ del bar y con la mirada abstra√≠da subi√≥ al coche y volvi√≥ a casa. Una vez all√≠, se quit√≥ el abrigo, se puso el delantal, prepar√≥ la cena y se sent√≥ en el sof√° a esperar a su marido. El cuchillo detr√°s de su espalda a√ļn ol√≠a a cebolla.

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